domingo, 31 de julio de 2016

In memoriam

A veces me pregunto ¿para qué demonios sirve Facebook? Se me ocurren respuestas, algunas parecen ayudar a llenar el hueco que abre la pregunta, otras ni lo intentan, pero a veces me descubro en alguna que ni siquiera se me habría ocurrido nunca, como ésta:


Las redes sociales pueden estar bien para muchas cosas que no voy a enumerar, pues si estáis aquí [en Facebook] estáis de acuerdo conmigo (estoy convencido de ello), pero cuando se hacen tan masivas y masificadas, cuando hay tanta gente a la vez intercambiando mensajes, pensamientos, consultas con chorradas que decoran el muro y enganchan con publicidad encubierta, se pierde la esencia de un grupo de amigos, amigos que se cuentan las cosas, cosas que les interesan realmente, cosas que les importan y les atañen, como que A L E X  M U R I Ó  a principios de octubre y que hoy nos volvemos a acordar de él, mucho, pero no con la alegría de un cumpleaños que celebramos on-line, sino con la enorme tristeza de no poder hacerlo más...

El tiempo lo cura todo, lo pasamos mal aquellos primeros días sin él, los que lo apreciábamos; y los que lo veíamos a menudo, quizá más aún porque notamos mucho más el vacío de optimismo y esperanza que dejó tras de sí. Pero hemos seguido con nuestras vidas, con nuestras ocupaciones, costumbres y rutinas que lo ponen todo en orden de nuevo e impregnan las emociones con una pátina de polvo invisible que acalla la angustia inicial...

Pero hoy todo ha vuelto a desempolvarse, hoy es (era, sería?) su cumpleaños, hoy nos habríamos ido a tomar una cerveza sin alcohol y nos habríamos reído de lo mal que nos habría salido el taichí y mañana habría sido otro día. Sin embargo, mañana será otro día sin poder disfrutar de su sana ingenuidad y su especial forma de vivir la vida. Y pasado mañana volverá a tenderse esa pátina de polvo que sólo el tiempo deposita y nos permite sobrellevar un poco mejor el dolor de las grandes pérdidas y nos permite seguir viviendo. ¡Felicidades Alex, estés donde estés! 

Un amigo.

miércoles, 27 de julio de 2016

Hijos... y Arte.

...legítimos, bastardos, adoptados, robados...

Tengo varios hijos propios y dos hijos adoptados (uno guapo y deportista y otro feo y torpe, que venía en el mismo lote) a los que quiero mucho. Hace años pacté con su madre que yo me los quedaba a cambio del dinero correspondiente, aunque no entré a preguntar si era legal o legítimo; pero ahora resulta que los reclama su verdadera madre, tras la verificación legal de ADN y demás pruebas, y una jueza determina que se los tengo que devolver a su verdadera madre biológica, a quien se los robó la otra señora haciéndolos pasar por suyos, ¿qué hago? 

Pues está claro, le devuelvo provisionalmente el niño feo y torpe porque no lo saco nunca del sótano de casa y además "no tiene valor artístico", pero me quedo con el guapo que enseño en los concursos porque ahora es mío, por mucho que diga una jueza, su madre de verdad, el cura que los bautizó o el Papa, porque además "el procedimiento judicial no se ha acabado" y porque "no contemplamos un escenario en el que se presente la policía" en mi casa para llevárselo. Ah, y además la supuesta madre que me los dio "me tiene que pagar los gastos de mantenimiento que he tenido con ellos estos años". Por descontado.

Pues algo así contestó ayer la Consejera de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña, Neus Munté Fernández, y se quedó "tan fresca". Y encima, será capaz de politizarlo como una pobre madre mártir.

domingo, 3 de julio de 2016

Mi teoría del Sugus

NO. No va de caramelos, ni de dulces, ni de juegos de palabras. Va más allá, una forma de actuar, una posición ante lo bueno de la vida, del día a día, de las pequeñas y de las grandes cosas.

domingo, 9 de noviembre de 2014

"No entres dócilmente en esa noche quieta"

"No entres dócilmente en esa noche quieta" - DylanThomas (1914-1953)

No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

**********
Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Cu-Cú

Cu-cú

Enseguida pensé en un colirrojo tizón cuando vi aquel pequeño pájaro delicado, compacto y menudo, de un plumaje gris oscuro uniforme y una fina y no demasiado larga cola, que sin embargo no me pareció roja. La cabeza pequeña, el pico corto, recto y afilado; y los ojos negros, diminutos, vivaces y escrutadores. No sé si lo era o no. Lo que sí sé es que era muy simpático y debía de ser joven por lo curioso que se mostró al empezar a mirarme. ¿Qué hacer, ir a buscar la cámara de fotos y arriesgarme a que desapareciera o devolverle la mirada y jugar?

Estuvimos de conversación. Mutua. Yo no sé qué me decía y no sé qué pensaba él que le decía yo. Pero nos comunicamos; sin palabras, con gestos, con la mirada, con un baile al agacharnos repentinamente y volver a levantarnos igual de rápido. Un baile repetitivo y rítmico torciendo la cabeza y mirándonos de reojo. Y volver a empezar. Él, en otro lugar donde posarse a poca distancia: en la barandilla de la terraza en el tendedero, en el otro tramo de la barandilla, en la lámpara, en la puerta de la escalera… Y yo, tras la ventana de mi cocina con miedo de espantarlo si me acercaba demasiado al cristal y con la satisfacción de que no lo hiciera, con la sorpresa de que me siguiera observando y con la alegría de que me respondiera.

Así estuvimos unos largos cinco minutos de conversación que él decidió dar por terminada con un punto y seguido. Se alejó unos metros y siguió mirándome extrañado aunque sin bailar más. Entonces decidí irme y no alargar más aquel momento mágico, para quedarme con el regusto de aquel buen sabor de boca en mi recuerdo.

No sé qué quería, ¿venía de visita o de exploración?, ¿buscaba nuevas experiencias o un amigo? ¿Tenía hambre o solamente curiosidad?

Yo sí tenía hambre e iba a prepararme la merienda, pero recibí a cambio cinco minutos de simpatía que me subió la moral más que cualquier bocadillo pudiera saciarme el hambre. ¡Qué cierto es que “no sólo de pan vive el hombre”, también de pequeños regalos donde apreciar la belleza como el baile a dos de hoy!  Me alegro de haber tomado la decisión de disfrutar del momento en vez de encapsularlo y arriesgarme a que perdiera su esencia.

viernes, 9 de agosto de 2013

Estereotipos y prejuicios

LES STÉREOTYPES 

Les stéreotypes qui ont disparu au cours de mes voyages ou mes contacts avec des gens des autres lieux.


J’ai reçu une formation tolérante qui m’a appris à ne juger personne et j’essaie de respecter n’importe qui, soit d’ici, soit étranger. Cependant, la tradition orale, qui nous présente toujours les gens –surtout les étrangers- très simplifiés jusqu’à le ridicule, reste dans mon inconscient et elle fait que je soit plus méfiant. Quand je vois une personne inconnue[1] je me mis vigilant et je cherche dans ma mémoire ce que je dois craindre et pourquoi. La plupart des fois, j’arrive à la conclusion que ce n’était plus qu’un stéreotype auquel je ne dois pas faire attention. Et je me sens bien mieux quand je peux effacer de mon inconscient cettes pensées.

Au moment que j’ai commencé voyager j’ai vu qu’il est très triste que notre pensée soit influenciée par des préjugés ou des stéotypes. Par exemple. On m’avait toujours fait voir que les Allemands étaient parfaits dans tout ce qu’ils faisaient, par conséquence, je les avais pris en grippe[2]. J’y suis allé et j’ai vu qu’ils sont comme tous, avec des vertus et des défauts. Tout n’était pas tellement parfait...! Et avec les Hollandais, il m’est passé le même. J’y ai été pendant un mois pour étudier et, je peux le corroborer, ils ont aussi de défauts que de vertus.

Par contre, chez moi les Français ont toujours été très détestés (je ne saurais pas dire pourquoi). Il est possible qu’il soit parce qu’ils nous ont envahi plusieurs fois ou parce qu’ils soient la concurrence[3] dans beaucoup d’affaires. Je pouvais seulement voir comment ils arrêtaient nos camions et tiraient les légumes par terre, mais j’ai décidé regarder plus loin : leur culture, leur art, leur charme et leur cuisine. En effet, je suis allé plusieurs fois en France et j’ai vraiment bien mangé chaque fois, à tous les niveaux, dans tous les prix. D’autre part, leur réputation de chauvinistes et antipathiques soit probablement vraie –la première- et bien fausse la seconde. Quand je suis allé à Paris pour la première fois, je cherchais avec un ami notre ligne dans le métro et une dame âgée s’y est rapidement approchée pour nous demander si nous avions besoin de n’importe quoi. Elle a été très gentille. Et aussi le maître d’un restaurant quand j’y suis allé pour manger quelque chose à quatre heures de l’après-midi et il m’a servi un entrecôtte sans rien objecter. Et aussi, dans un autre voyage, à Versailles, quand une demoiselle nous a indiqué que nous ne devions pas faire la queue pendant deux heures pour y entrer car nous avions le billet combiné train-entrée. Tout ensemble m’a laissé un bon souvenir.

Autrefois, pendant certains ans, j’avais été très préocupé par le fait si j’étais ou non raciste ou xénophobe. Quand je voyais quelque nègre ou quelque arabe, je sentais une espèce de rejet. Mais aussi quand je voyais un clochard (qui était de la même race que moi ou peut-être de mon pays). D’autres fois, cela ne se passait pas. J’étais désorienté jusqu’à qu’un jour j’étais en train de sommeiller[4] –avec mes yeux fermés- dans le train et je me suis inquiété. Une odeur terrible provenait de celle personne que j’avais au côté et que je n’avais pas encore vue. Cela m’a produit un forte rejet. J’ai ouvert mes yeux et je l’ai regardée. C’était un vieux arabe très mal habillé qui venait de se sortir ses chaussures. Dans ce moment précis je me suis rendu compte que je ne rejetais pas les gens pour sa race ou son pays, je seulement refusais l’apparerence très négligée[5] et, spécialement, la mauvaise odeur. Certainement, toute mon enfance, on m’a appris à être propre: mes parents, mes professeurs et toute la société.

En fait, la saleté est complètement interdite dans notre monde et c’est le dégoût[6] qui nous produit le rejet de beaucoup de choses. Et davant cela, nous ne pouvons pas y lutter; nous ne pouvons que nous habituer des la raison et la volonté de nous changer, voire les préjugés.

M.



[1] Une personne inconnue: una persona extraña (no me refiero a desconocida).
[2] Prendre en grippe qqn, coger manía a alguien.
[3] La concurrence, la competencia.
[4] Sommeiller: dormitar.
[5] une apparence négligée: un aspecto muy desaliñado.
[6] Le dégoût, el asco.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Mamma...

Sono Marco Ledda. Io sono psicologo e lavoro in un burò con altri psicologi importanti a Milano. Non ci lavoro da molti anni ma ho già casi difficili. Ciò che è buono professionalmente non lo è per me, perché il mio equilibrio mentale si risente: io lavoro troppo e quasi non ho vita sociale.

Oggi ho finito tardi di lavorare ed arrivo a casa mia molto stanco. Abito da solo. Prima cena prendo un piccolo pasticcino e accendo una candela, mi avvicino al telefono e mi siedo nel sofà sorridente...:
...
-          Pronto, mamma! Sono Marco. Come stai?
-          ...bene anche me. Ma sono un po’ stanco. Ho lavorato tutto il giorno. Ti telefono perché mi faccia gli auguri: oggi è il mio compleanno...
-          ...sì, mamma, Marco! ...di Milano...
-          ...sono io, tuo figlio di Milano... Sì, mamma, Piero è con te a Bologna...
-          Sì, sì, lo so: ha due figlie bellissime...
-          ... No, io non ne ho di figli, tu lo sai... no, sono io Maaarco... sì, sì...
-          Mamma; ma dai ascolto al medico?
-          ...sì, le bambine stanno benissimo... anche Piero. E tu?, stai prendendo le pasticche?
-          Bene, come ti trovi?
-          Stanca, come me oggi.
-          ...sì, non lasciare la medicazione... no, non sono il tuo medico, sono Marco...
(Comincio a piangere, ma con un piccolo sorriso)
-          ...sì, ... come tuo figlio, ...sì, adesso lo faccio, ...bene.
-          ...sì, non ti dimenticare le pasticche, ...no, è importante.
-          ...a domani. Ciao, mamma! ...Ti voglio bene.

Riattacco il telefono; guardo triste il pasticcino e penso un desiderio, spengo la candela e piango amaramente nel mio 30º compleanno.