miércoles, 5 de noviembre de 2014

Cu-Cú

Cu-cú

Enseguida pensé en un colirrojo tizón cuando vi aquel pequeño pájaro delicado, compacto y menudo, de un plumaje gris oscuro uniforme y una fina y no demasiado larga cola, que sin embargo no me pareció roja. La cabeza pequeña, el pico corto, recto y afilado; y los ojos negros, diminutos, vivaces y escrutadores. No sé si lo era o no. Lo que sí sé es que era muy simpático y debía de ser joven por lo curioso que se mostró al empezar a mirarme. ¿Qué hacer, ir a buscar la cámara de fotos y arriesgarme a que desapareciera o devolverle la mirada y jugar?

Estuvimos de conversación. Mutua. Yo no sé qué me decía y no sé qué pensaba él que le decía yo. Pero nos comunicamos; sin palabras, con gestos, con la mirada, con un baile al agacharnos repentinamente y volver a levantarnos igual de rápido. Un baile repetitivo y rítmico torciendo la cabeza y mirándonos de reojo. Y volver a empezar. Él, en otro lugar donde posarse a poca distancia: en la barandilla de la terraza en el tendedero, en el otro tramo de la barandilla, en la lámpara, en la puerta de la escalera… Y yo, tras la ventana de mi cocina con miedo de espantarlo si me acercaba demasiado al cristal y con la satisfacción de que no lo hiciera, con la sorpresa de que me siguiera observando y con la alegría de que me respondiera.

Así estuvimos unos largos cinco minutos de conversación que él decidió dar por terminada con un punto y seguido. Se alejó unos metros y siguió mirándome extrañado aunque sin bailar más. Entonces decidí irme y no alargar más aquel momento mágico, para quedarme con el regusto de aquel buen sabor de boca en mi recuerdo.

No sé qué quería, ¿venía de visita o de exploración?, ¿buscaba nuevas experiencias o un amigo? ¿Tenía hambre o solamente curiosidad?

Yo sí tenía hambre e iba a prepararme la merienda, pero recibí a cambio cinco minutos de simpatía que me subió la moral más que cualquier bocadillo pudiera saciarme el hambre. ¡Qué cierto es que “no sólo de pan vive el hombre”, también de pequeños regalos donde apreciar la belleza como el baile a dos de hoy!  Me alegro de haber tomado la decisión de disfrutar del momento en vez de encapsularlo y arriesgarme a que perdiera su esencia.

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