En general, creo sinceramente que sí, en la mayoría de los casos. Es una empresa con un fin y debe atender a aquello para lo que ha sido creada. No es una ONG ni pretende hacer filosofía, ni crear opinión. Pretende vender -no lo olvidemos- un producto, una idea, una sensación, un status, lo que sea.
Sin embargo, el oportunismo tiene doble filo. Y se puede elegir lo positivo o lo negativo, como en todo en la vida. Se puede ser malo, o mezquino incluso, o se puede ser naïf. Y algunos publicistas, muy oportunamente (para eso hay estudios de mercado previos que tutorizan estas decisiones) han vislumbrado un aumento de las acciones solidarias en estos momentos de crisis y lo han sabido explotar en anuncios como éste. Y también creo, que está bien explotado. Han fundido este sentimiento coyuntural, con el temporal de estas fechas navideñas, con el nostálgico de tantos buenos humoristas del elenco nacional y con una buena idea, optimista, supranacional, transversal, llámese como se quiera, que entra en la idiosincrasia popular encajando como una pieza de tetris que cierra esa fila rebelde.
Frank Capra supo explotar ese mismo sentimiento en aquella antológica "¡Qué bello es vivir!" en un momento en que su país lo necesitaba, 1946. Campofrío y sus directivos de publicidad no harán historia como aquél, pero la oportunidad se agradece.
Gracias por hacernos soñar en finales felices todavía.
(Por cierto, a pesar de alguna ausencia de otros colores políticos, en el currículum se le olvida el idioma aragonés, que nunca se dejó de hablar en el Pirineo, por algo tenemos fama de tozudos)
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